AHORA ¡ZARPA!

Texto Base: Romanos 12:2  

No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta. (NTV)

Dos hombres, ambos bastante ebrios, subieron al bote que los llevaría al otro lado de la bahía; luego comenzaron a remar. Trabajaron juntos toda la noche, por lo cual no podían comprender por qué aún no llegaban a otro lado. Cuando amaneció, descubrieron que el bote aún permanecía anclado al puerto.

Joven ¿Cuál es el ancla que detiene tú bote?

En el versículo anteriormente mencionado, tomado de la versión Nueva Traducción Viviente de la Biblia, el apóstol Pablo afirma, que como hijos de Dios debemos renunciar a las corrientes mentales y conductas propias del mundo de pecado, las cuales se convierten en obstáculos a superar cuando deseamos con el corazón conocer a Dios y su propósito para nuestra vida.

Romanos 8:5

Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. (RVR 1960)

¿Cómo?

Tal vez recuerdes que, en el Antiguo Testamento, el sacerdote año a año derramaba la sangre de un cordero sacrificado sobre el arca del pacto, la cual le otorgaba perdón al pueblo de Israel. El cordero del Antiguo Testamento, sólo cubría el pecado del pueblo, pero Jesús, el cordero del Nuevo Testamento, se sacrificó una sola vez y nos otorgó un perdón eterno y duradero, que está a la distancia de un corazón sinceramente humillado y arrepentido.

El apóstol Pablo, menciona que, para lograr apartarnos definitivamente del mundo, es necesario permitir que nuestra mente sea transformada; sólo así “podremos pensar en las cosas del espíritu”.

Joven, coloca hoy tu vida en el altar, conviértete tú mismo en el sacrificio y deja que el fuego del Espíritu Santo, renueve, reeduque y reoriente tu mente y tus pensamientos.

Una vez que dejas que él renueve tú mente, el pecado nunca más te será apetecible, y estarás listo para dejarte guiar por la voluntad y el propósito de Dios en tu vida. Sus planes para nosotros son buenos, agradables y perfectos, y ajustados a sus deseos de darnos una vida eternamente bendecida y abundante.

Siempre pregúntate ¿Qué quiere él que yo haga?, escúchalo, obedécelo y hónralo. Cuando renuncias al mundo sueltas el ancla que ata tú bote, y cuando conoces su voluntad y su propósito, estás listo para zarpar.

AHORA ¡ZARPA!

Dios te Bendiga

Por: Viviana Gómez   

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