¡SI CAES, INTENTALO DE NUEVO!

Hebreos 10:36-37

36 Porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. 37 Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. (RVR)

Quiero iniciar preguntándote ¿alguna vez aprendiste a practicar un deporte?

Quizás, tu respuesta sea SI, o tal vez NO … Sin embargo, sabrás, ya sea por tu experiencia o la de otros, que implica sacrificio, disciplina y perseverancia, para lograr avances significativos o ser el mejor.

En los versículos anteriores, tomados de la Versión Reina Valera 1960, la PACIENCIA, una actitud que nos impulsa a enfrentar, soportar y superar los obstáculos y dificultades en el proceso de consecución de un objetivo o sueño, es la clave de acceso a la promesa, al sueño de Dios para ti, que tarde o temprano se cumplirá en tu vida.

¿Qué necesitas?

¡PERSEVERAR!

Lo ilustraré con un ejemplo sencillo … Si alguna vez emprendiste la aventura de aprender a patinar, te recordarás cubierto de pies a cabeza, con un casco, dos rodilleras y dos coderas; incomodas para ti, pero indispensablemente necesarias para tus padres.

También, te recordarás saliendo de la sala de tu casa, sosteniéndote de algo o de alguien, para tratar de mantener el equilibrio, y cómo al abandonar ese soporte, caíste una y otra vez sentado en el pavimento, e incluso pensaste que no llegarías a dominarlo jamás … Si no te rendiste, lo intentaste y lo intentaste hasta lograrlo, y en cada ocasión lo hiciste mejor.

Entonces; así como dominar un deporte, o un oficio, requiere de tiempo, de perseverancia, de intentarlo una y otra vez tras las caídas o fracasos, todo objetivo o sueño, ya sea tuyo o de Dios, implica esto mismo.

Necesitas tu casco, tus rodilleras y tus coderas, es decir, el conocimiento y la apropiación de las promesas de Dios para ti, registradas en su palabra; tener la claridad de tu sueño, de tu objetivo. Luego, aventúrate, pelea, vence; si caes, levántate e inténtalo una y otra vez hasta lograrlo, hasta obtenerlo, hasta dominarlo; pues cada vez que te empeñas en hacerlo, lo haces mejor y te acercas a su cumplimiento.

Si alguna vez, olvidaste una promesa de Dios para tu vida o abandonaste un sueño ¡REVÍVELO!

Si no has comenzado, ¡AVENTURATE!; y si has pensado en abandonar, ¡NO TE RINDAS! … ¡TÚ HAZ LO POSIBLE, QUE DIOS

HARÁ LO IMPOSIBLE!

Dios te Bendiga

Por: Viviana Gomez

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